CLUB ATLETISMO 

“CORREDORES MAR MENOR”


Kathrine Switzer, 

 “Primera mujer en participar en la prueba del Maratón con dorsal…”

Kathrine Switzer, lleva tiempo practicando pruebas de medio fondo, y estaba decidida a dar el salto a la prueba del maratón, y cuando faltaban tres meses para la disputa del maratón de Boston, el más antiguo del mundo, le propone a su entrenador Arnie que la prepare para la prueba. Su entrenador le dijo que: “Ninguna mujer puede correr una maratón, a lo que ella le contestó: Venga, tengo un plan, un entrenador, y un objetivo: correr el maratón de Boston. Y vamos a hacerlo.” Ante la determinación que demuestra Kathrine, su entrenador accede y se ponen manos a la obra. Lo que hicieron después, es hoy historia del atletismo.

Tom su novio y jugador de fútbol americano, se sumó a los entrenamientos para apoyarla y competir con ella. Los problemas y dificultades iban a venir de la parte no deportiva de la prueba. No encontraron prohibición alguna en las normas establecidas para participar en la carrera.Simplemente se pensaba que era imposible que una mujer pudiera correr una maratón así que ni se contemplaba la posibilidad de su participación. A pesar de todo se inscribió como K.V. Switzer, como medida de precaución. 

Llega el día de la carrera, con los nervios a flor de piel por la responsabilidad del reto, se suman la ansiedad y la duda de si la dejarían participar. Kathrine se prepara con su ropa deportiva habitual y se encamina a la zona de dorsales, el primer control y un paso crucial para su participación. Como ella mismo relató Extendí mi jersey para que pusiera el dorsal sin mirar el juez. Noté cómo ponía su mano sobre mi hombro, me daba paso hacia delante, y gritaba ‘vamos atletas, muévanse, continúen pasando’. Y pasé. Ya lo había conseguido”.

Kathrine iba acompañada de su novio y su entrenador. En la zona de salida, todo eran ánimos y corredores deseándole suerte, una nueva demostración de cómo los ciudadanos y en este caso los corredores, van por delante de sus dirigentes y mandatarios. 

Arranca la carrera y Kathrine, junto a su novio y a su entrenador, avanzan sin percances y al ritmo esperado. Parece que todo va según lo esperado, pero de repente se le presenta el último escollo al que tiene que hacer frente, y se dan unas imágenes que pasarán a la historia. Según lo narró la propia Kathrine.

“De repente escuché unos zapatos corriendo deprisa detrás de mí. Me giré, y ví la cara más enfadada que nunca he visto. Era un oficial de carrera (Jock Semple, director del maratón). Me agarró de los hombros y me empujó, mientras gritaba ‘¡Fuera de mi carrera!’. Consiguió arrancarme el dorsal de atrás, mientras yo trataba de correr más fuerte. Entonces Arnie saltó y le dijo que me dejara, que él me había entrenado y que estaba para competir, pero el juez seguía tratando de agarrarme y empujarme. Sólo porque era mujer. Y ahí ya apareció Tom para realizarle un placaje y tirarlo al suelo. ‘Corre como nunca’, me dijo, y nos pusimos los tres a correr como niños que huyen de una casa encantada”.

La casualidad quiso que toda esta escena se desarrollara justo cuando el autobús de la prensa pasaba por ese punto, por lo que todo quedó reflejado en las instantáneas de los fotógrafos. A partir de aquí el autobús decide seguir a Kathrine el resto del recorrido. Todo este incidente le afecta mentalmente, “Por momentos, deseaba no estar ahí, deseaba no haber participado”, declara más tarde la atleta. “Pero tenía que terminar. Sabía que si abandonaba, la gente volvería a pensar que una mujer no podía correr un maratón. Que sería un paso atrás para el deporte femenino, en lugar de un paso adelante. Que Jock Semple y todos los que son como él habrían ganado. Porque al principio pensé que era sólo un hombre fuera de sí, pero era también un hombre de su época”.

Kathrine cogida de la mano de su entrenador llega a la meta con un tiempo de 4 horas y 20 minutos. “Cuando crucé la meta, no fue como ‘vamos, he terminado mi primer maratón’; fue más bien, ‘vamos, tengo un plan en mi vida’. Porque durante los 42 kilómetros, hubo un momento en que lo vi claro. Desde que la terminara, iba a dedicar mi vida a ser una mejor atleta, y a facilitar oportunidades para las mujeres que quisieran experimentar la misma sensación de poder, fuerza y libertad que yo estaba sintiendo. Comencé el Maratón de Boston como una niña, y llegué a la meta como una mujer adulta”.

Al día siguiente las fotos de su agresión, y de su llegada a meta fueron portada de todos los medios. Se estableció un debate en la sociedad, y el camino para que las mujeres pudieran participar en el maratón ya estaba hecho. Kathrine había demostrado de sobra que las mujeres sí que podían hacer un maratón, a pesar de las trabas y zancadillas encontradas en el camino. A los cinco años de esta gesta, se regularizó de forma legal la participación de las mujeres en las maratones, gracias a Kathrine y a su espíritu.

Switzer, siguió compitiendo y en el año 1974 ganó la maratón de Nueva York y en 1975 logró su mejor tiempo en la maratón de (precisamente) Boston, con 2:51:37, quedando en 2º lugar. Kathy Switzer, desde entonces, ha dedicado su vida a la maratón. Fue nombrada atleta de la década por la Runner’s World Magazine, ha escrito sus memorias, escribió también un libro destinado a ‘runners’ de más de 40 años y organiza carreras de larga distancia por todo el mundo, destinadas a mujeres, que llevan como nombre ‘261’, el dorsal que llevó aquel famoso día en Boston. Hace un año organizó una en Palma de Mallorca. Además, da conferencias y charlas motivacionales contando su experiencia. Además, es una asidua a la maratón de Boston.

BOBBI GIBB, 

La primera maratoniana sin dorsal

No podemos olvidarnos de otra atleta, menos conocida pero igual de valiente y arrojada que Switzer: BOBBI GIBB, por ser la primera mujer que corrió el Maratón de Bostón. Lo hizo en 1966 (también en 1967 y 1968), pero sin inscribirse ni con dorsal. Está reconocida oficialmente como la primera mujer ganadora de la maratón de Boston. Para que os hagáis una idea, en 1967 llegó a la meta casi una hora antes que Kathy Switzer. Gibb se ocultaba entre los arbustos, cerca de la línea de salida, bajo una sudadera con capucha. Cuando sonaba el pistoletazo de salida y alrededor de la mitad de los participantes ya había salido, se juntaba con ellos para poder disputar la carrera. En la meta, ya sin capucha, fue captada por los medios de comunicación y, como Kathy Switzer, se hizo muy famosa. Jurista de profesión, no fue hasta 1996 cuando se le reconocieron sus triunfos, se le entregaron sus medallas, y se incluyó su nombre en el palmarés de la prueba. Con un perfil menos mediático que el de Kathy Swtizer, Bobbi Gibb ha recibido desde entonces numerosos homenajes.


Autor recopilación datos históricos: Antonio Miguel Torregrosa Castro

(Monitor Nacional de Atletismo)