LOS BENEFICIOS DEL CORRER

Está demostrado que el ejercicio regular, como la carrera a pie, proporciona grandes beneficios tanto físicos como psíquicos. Las personas que corren y se ejercitan con regularidad son más conscientes de su salud, de su peso y de su estilo de vida, y menos propensas a sufrir enfermedades cardíacas agudas. Correr con regularidad puede reducir ligeramente la presión sanguínea en algunos puntos, en hay casos en los que la hipertensión límite de algunos corredores puede reducirse hasta el punto de dejar la medicación. La actividad física intensa quemará cualquier exceso de grasa y, de esta forma se puede prevenir la diabetes del adulto.

Los efectos del entrenamiento

El fin de un programa de entrenamiento para un corredor de fondo consiste en incrementar gradualmente las cargas de trabajo que se imponen al corazón y a los pulmones para obtener una mayor eficacia. En una sesión de entrenamiento exigente la demanda de oxígeno aumenta hasta casi el doble que una personal no entrenada, a esto se le llama capacidad aeróbica máxima (VO2), que es la cantidad de oxígeno captada de la sangre que van a utilizar los músculos durante un período de tiempo concreto.

Entrenamiento y corazón 

El entrenamiento también influye sobre el grosor y la fuerza de la fibra muscular que compone el músculo cardíaco, capacitando a éste para que bombee mayor cantidad de sangre en cada latido. La sangre contiene hemoglobina, esencial para el transporte del oxígeno. El entrenamiento determina una mayor captación de oxígeno, que es absorbido y transportado de una forma más rápida y eficaz a los músculos.

Correr con regularidad disminuye el riesgo de infarto de miocardio, muerte súbita y angina de pecho, como consecuencia del aumento de flujo sanguíneo a la pared cardíaca, lo cual la protege; estos beneficios son evidentes tanto en reposo como durante el período de fatiga. Correr también previene la obstrucción de las arterías y favorece la eliminación de la grasa corporal, protegiendo el organismo de la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial y la diabetes.

Aeróbico y Anaeróbico

Cuando empezamos a correr, o incrementamos las distancias en los entrenamientos, existen momentos que necesitamos disminuir la marcha, producto del cansancio, es decir, a los músculos no les llega suficiente oxígeno para correr al ritmo deseado, porque comienza a funcionar anaeróbicamente (sin oxígeno); esta es una fase a la que denominamos “deuda de oxígeno”, y coincide con la acumulación del ácido láctico en los músculos. Disminuyendo el ritmo de carrera conseguimos que el oxígeno se transporte a los músculos en cantidad suficiente para continuar con el entrenamiento, de tal modo que el aporte no sea inferior a la demanda, es decir, volvemos a trabajar de forma aeróbica (con oxígeno).

El proceso de mejora del rendimiento del corredor depende, por lo tanto, del incremento de su capacidad aeróbica y del desarrollo de la fuerza del músculo esquelético. El entrenamiento provoca una cantidad controlada de estrés sobre el cuerpo, y gradualmente se va adaptando al esfuerzo, resultando un incremento del nivel de la puesta en forma.

 

El Combustible

El corredor para poder soportar las cargas de trabajo en los entrenamientos, necesita del combustible (alimentación adecuada) para conseguir la energía requerida en cada momento. Esta energía no se almacena en el organismo, sino que se libera a través de un proceso químico cuando es demandada. Todas las células musculares contienen una sustancia capaz de extraer la energía derivada de los alimentos ingeridos, y la libera para que puedan llevarse a cabo los diferentes procesos orgánicos y actividades corporales.

Esta sustancia es el ATP, adenosín trifosfato, cuya estructura es de una molécula de adenosina unida a tres grupos fostato.

Los enlaces químicos entre estos grupos fosfato se denominan “enlaces de alta energía”, y cuando se rompen se libera esa energía. La molécula resultante es el ADP, adenosín difosfato. Una vez utilizada la energía liberada, el ADP se convierte de nuevo en ATP, y así el ciclo continúa.

El organismo tiene suficiente ATP para producir la energía necesaria para el mantenimiento de las funciones vitales. Cualquier requerimiento de mayor cantidad de energía necesitará mayor cantidad de combustible.

Entrenar para un Maratón ayuda a revisar el estilo de vida habitual y el programa de trabajo ofrecerá sugerencias encaminadas al entrenamiento de la carrera, y también para las demás facetas de la vida; una vida más saludable…

 

Autor: Antonio Miguel Torregrosa Castro

          (Monitor Nacional de Atletismo)