CLUB ATLETISMO 

“CORREDORES MAR MENOR”


ABEBE BIKILA, El campeón descalzo

Ganó el primer oro para África en unos Juegos Olímpicos corriendo descalzo la prueba del Maratón.

Cuatro años después repitió éxito, pero con zapatillas.

Murió de forma trágica a los 41 años.

Abebe Bikila nació el 7 de agosto de 1932, en una población llamado Mout, a unos 130 km de Addis Abeba, la capital etíope. Su familia era muy pobre y él comenzó a trabajar de pastor para ayudar a sus padres. Completó varios años de estudio, cuando decidió alistarse en la Guardia Imperial de su país para escapar de la miseria. En 1956 conoció al entrenador sueco Onni Niskaken, que había sido contratado por el gobierno etíope para preparar a los atletas de país, Bikila tenía entonces 19 años. Uno de los mejores atletas etíopes de aquella época  Wani Baratu y una enfermedad infecciosa lo apartó del sueño Olímpico de Roma. 

 

Los integrantes de la Guardia Imperial tenían fama de resistentes, pero Bikila sólo había corrido de manera esporádica. Entonces el destino lo puso en manos del sueco NIskanen, uno de los mejores entrenadores del mundo en esas fechas; con mucha paciencia y la sensibilidad necesarias para transformar este diamante en bruto en una preciada joya. 

Sobre la base de novedosos entrenamientos, fortalecidos con baños sauna, ejercicios de básquetbol, junto a largas carreras en carreteras, el estilo Bikila se transformó en una máquina perfecta para devorar kilómetros.

El trabajo de este entrenador sueco-finlandés revolucionaria el fondo mundial, y sin darse cuenta fue el primer entrenador que se benefició del entrenamiento en altura.

Los Juegos Olímpicos de Roma eran el objetivo principal de los atletas etíopes en 1960.

 Bikila progresaba de manera espectacular hasta convertirse en el segundo mejor atleta del país. En un período de un mes, otras fuentas hablan de quince días, se corrieron dos maratones en Adís Abeba, una en el mes de julio y otra en agosto. En la primera, Bikila realizó 2:39:50. Era una maratón en altitud, pero muy lejos de los 2:23 de Zatopek en Helsinki. En la segunda carrera venció Bikila con un tiempo de 2:21.23, registro que era dos minutos mejor que el récord olímpico de Zatopek y cuatro mejor que el registro de Mimoun en Melbourne.

El mérito del triunfo de Bikila en Roma se acrecenta al constatar que corrió tres maratones en menos de tres meses, dos de ellas en altitud.

Abebe Bikila tuvo el honor de ser el primer africano en lograr una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, alcanzando el estatus de héroe en el continente africano. Y su gran hazaña no sólo fue que venció en la prueba del maratón, sino la forma en que lo hizo, descalzo.
El día de la prueba, Bikila salió a probarse el calzado de Adidas, el sponsor oficial de la competencia. Quedaban pocos pares y no conseguía su medida. Entonces, antes de quedarse con unas que le fueran incómodas, prefirió salir con los pies desnudos. Así entrenaba en su pueblo. Antes de salir a la pista, su capitán le anticipó que los mejores corredores serían el ruso Sergei Popov, la estrella del concurso, y un marroquí, Radhi Ben Abdesselam ; además, le hizo memorizar los números que llevarían en sus pecheras todos los candidatos.

Oro en la Prueba del Maratón

Juegos Olímpicos de Roma 1960

El 10 de septiembre de 1960 fue el día señalado para la gloria. Era un personaje extraño, totalmente desconocido, descalzo..., nadie entendía su presencia en el Maratón. 

Partió del Campidoglio entre los primeros, junto a Popov, el receptor de todas las miradas. A mitad de carrera, se puso a la cabeza recordando los números que había incorporado, cuando de repente el dorsal 185, lo alcanzó y lo pasó. Dicho dorsal no estaba en la lista que su entrenador le hizo memorizar, aunque el etíope siguió sus pasos para no perderlo de vista. De repente, el corredores 185 se dio vuelta y lo escupió en la cara. Bikila consideró que no debía responder al agravio, estaba representando a su país. Pasados uno metros comprendió que el marroquí Rhadi no estaba usando el 26, sino el 185, para confundir a sus rivales. Se limpió el escupitajo de la cara e inició otra etapa de la carrera: la del honor.

 Cuando llegó a la altura del Obelisco de Axum, un monumento expropiado por el dictardor fascista Benito Mussolini al pueblo etíope en 1937 durante el conflicto bélico entre ambos países, Abebe Bikila, decidió que era el momento de acelerar. Un kilómetro y medio lo separaban de la meta, y todavía no había superado al corredor marroquí Rhadi. Sus pisadas sobre el empedrado romano iban despertando los aplausos de un público asombrado que miraba cómo ese atleta, descalzo y totalmente desconocido, se encaminaba hacia el oro.

Cruzó el Arco de Constantino con un tiempo de 2 horas 15 minutos 16 segundos. Era el nuevo récord mundial. Desconfió un momento cuando su entrenador se acercó y le confirmó que había ganado.

Ben Abdesselam, el falso 26, llegó veinticinco segundos después.

Bikila continuó corriendo unos metros más. Quería llegar a la columna de Trajano para vengar, simbólicamente, a su pueblo, sometido casi cuarenta años por Italia, veinte bajo el régimen de Benito Mussolini.

“Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, pronunció el atleta de pies descalzos tras la victoria. Los locales no hicieron esperar su vendetta: durante la entrega de las medallas, en lugar del himno de Etiopía sonó el de Italia.

Abebe Bikila,

en los Juegos Olímpicos Tokio 1964

Abebe Bikila llegaba como uno de los favoritos para subir al podio en Tokio 64 pero una apendicitis casi lo aparta de esos Juegos.

Seis semanas antes de la competición un fuerte dolor estomacal le hizo abandonar los entrenamientos, los médicos le diagnosticaron apendicitis y fue intervenido de inmediato, a pesar de las críticas de la prensa y aficionados. Esto parecía disminuir sus posibilidades de alzarse por segunda vez con una medalla dorada, según las crónicas de aquella época se dice que al bajar del avión en Tokio, se le notó algo adolorido y aún convaleciente.

Abebe Bikila, cuatro años más tarde repitió la gesta en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. En esta ocasión, el etíope corrió con zapatillas y se convirtió en el primer atleta de la historia en revalidar el oro olímpico en maratón. Y lo hizo a lo grande, corriendo prácticamente en solitario toda la prueba ante el jolgorio de los aficionados japoneses. Bikila era todo un héroe en Japón puesto que tres años antes se había impuesto en el maratón de Osaka. Más de un millón de personas presenciaron la gesta del etíope, medalla de oro y nuevo record mundial en la distancia mítica del Maratón, dejando el crono en 2h 12’ 11”, llegó tan entero a la que esperó a sus rivales haciendo ejercicios de estiramientos.

El declive del atleta más grande de la historia africana empezó en la Olimpiada de México de 1968, la falta de oxígeno por el mal de altura y una lesión en la pierna, le obligaron a abandonar en el kilómetro 17, y cuentan que antes de abandonar animó a su compatriota Mamo Wolde que seguía en carrera: “no puedo continuar en carrera por estar muy enfermo, y que la responsabilidad de conseguir otro oro para Etiopía dependía de él”. Mamo Wolde terminó la carrera en primera posición.

Cuentan que antes de abandonar animó a su compatriota Mamo Wolde que seguía en carrera: "no puedo seguir corriendo porque estoy gravemente enfermo. La responsabilidad de ganar una medalla de oro para Etiopía depende de ti". Mamo Wolde recogió el mensaje y terminó la carrera en primer lugar. 

Su carrera desapareció subida en una ambulancia, nunca más se le vió correr.

Destino cruel

Al año siguiente, en 1969, el destino fue cruel con Abebe Bikila. El atleta sufrió un grave accidente de coche en Addis Abeba al intentar esquivar una protesta estudiantil. Es enviado a Inglaterra por el emperador para ser tratado en los mejores hospitales pero los esfuerzos son inútiles y el atleta queda parapléjico para siempre. Al cabo de ocho meses regresó a Etiopía en una silla de ruedas y recibido por una multitud que le vitoreaba. Pero Abebe lo aceptó con asombrosa entereza: "Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos y fue su voluntad que tuviera el accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia".

Su límite físico nunca le hizo renunciar a su amor por el deporte. Su espíritu competitivo nunca disminuyó. Desde su silla de ruedas participó en varios campeonatos de tiro con arco en Inglaterra para discapacitados en los que obtuvo grandes resultados, así como en los Juegos para parapléjicos de Noruega en 1971. Bikila se había ganado el respeto del mundo entero.

En 1972, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Munich en calidad de invitado especial. Fue recibido con una ovación atronadora cuando entró en el estadio en su silla de ruedas. En memoria de su cuadragésimo cumpleaños se celebró una fiesta de gala en la Villa Olímpica en presencia de los atletas y funcionarios de la organización.

Abebe Bikila falleció el 20 de octubre de 1973 a los 41 años, por un derrame cerebral fruto del accidente. Se calcula que unas 100.000 personas, su majestad, miembros de las familias reales, embajadores, así como periodistas locales e internacionales asistieron al funeral de Estado.

 

A. Miguel Torregrosa Castro

Monitor Nacional de Atletismo

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